lunes, 31 de diciembre de 2012

Archivo: "No a la Guerra" (2003)

Wordle: guerra de irak
Había numerosas justificaciones, aunque de dudosa veracidad para la invasión de Irak en 2003 por parte de los gobiernos norteamericano y británico y la colaboración del gobierno de España.

Entre estos alegatos, el más destacado fue la búsqueda y eliminación de armas de destrucción masiva y el deseo internacional de hacer de Oriente Medio un lugar más seguro.

Durante los ocho años que duró la guerra, no se encontró ningún indicio de la existencia de armas de destrucción masiva, dejando en evidencia los argumentos para la invasión ideada por George Bush.

La guerra de Irak siempre tuvo un tinte económico muy importante. Irak tiene la segunda reserva mundial de petróleo en su subsuelo y la invasión del territorio tenía como objetivo un nuevo gobierno local más afín a los países occidentales, lo que daría grandes oportunidades a la industria petrolera de EE. UU.

A través de este archivo por entregas, veremos cuál era el contexto histórico que se daba en 2003, cómo funcionaba la campaña del "no a la guerra" y las consecuencias políticas y sociales de la campaña en España. Además hemos incluido la entrevista a Juan Antonio López Uralde, ex director de Greenpeace España (ONG promotora de la campaña) que dio su opinión sobre el tema.  


IV: Juan Antonio López de Uralde, ex presidente de Greenpeace España: "El “no a la guerra” tan cerca de las elecciones evidenció ese desgaste y esa lejanía con el pueblo"

Juancho López de Uralde
Juan Antonio López Uralde
Juan Antonio López Uralde es ingeniero agrícola por la Universidad Politécnica de Madrid. Uralde ha dedicado la mayor parte de su carrera al activismo en defensa del medioambiente.  En 1987, ingresó en Greenpeace y en el período de nueve años de 2001 a 2010 fue el director de Greenpeace España.
Durante ese tiempo en el puesto de director de Greenpeace, concretamente en 2003, se organizó la campaña de “no a la guerra” contra la guerra de Irak y fue Greenpeace quien movilizó mayoritariamente las manifestaciones que hubo en contra de la guerra.
En 2010, Uralde abandona Greenpeace para formar su propio partido político de carácter ecologista, EQUO.

P. Greenpeace que lucha por el medio ambiente, ¿cómo entra Greenpeace a tomar parte en las manifestaciones antibélicas?

R. Greenpeace lucha por el medioambiente, sí, pero el medioambiente abarca multitud de ámbitos. Queremos paz, y queremos que sea verde. El ecologismo implica la salvaguarda de nuestro planeta y ninguna guerra colabora en esta empresa. Cuando se organizan las protestas se hacen sabiendo que el medioambiente no son sólo las plantas, las reservas naturales o la contaminación que genera el agujero en la capa de ozono. El ecologismo, según mi opinión, también implica a las personas que –sí, somos el principal problema de este planeta- somos quienes nosotros quienes debemos poner soluciones. Ninguna guerra colabora en la salvaguarda del medioambiente y mucho menos de la que estamos hablando. La guerra de Irak era una guerra ilegal. No sólo porque el verdadero motivo fuera el control del petróleo. La excusa oficial fue la búsqueda de armas de destrucción masiva, pero todos sabemos cuál fue el motivo principal. También nos opusimos por el uso del término de “guerra preventiva”. No entendemos este concepto. No creemos que una guerra pueda hacerse para prevenir ninguna otra porque la violencia sólo genera más violencia.

P. Si la guerra fue declarada ilegal, ¿por qué se inició?

R. La guerra es ilegal porque viola las resoluciones de la ONU (la 687). Así de simple. Si la ONU dice que no se puede hacer una guerra con los fines que esta fue propuesta, ¿quién es cualquier gobierno para pensar que puede ir contra una cámara que representa a los principales gobiernos del mundo?

P. ¿Qué países entraron a la guerra? ¿Se manifestaron en todos?
Los países que entraron en la guerra fueron Estados Unidos y Reino Unido. Estos dos países tienen los ejércitos más potentes del mundo, pero dos países no pueden ir en contra de todo el mundo, por eso se buscó ayuda en otros países y así entra España. Bush era consciente de la preocupación de Aznar por el terrorismo islamista y lo usó como argumento en la reunión en las Azores para convencerle de que España podría tener un gran papel. A pesar de esto, España sólo participó en supuestas misiones de paz, pero apoyaba la guerra igualmente y por eso creimos necesario organizar las manifestaciones. Sabíamos que la población estaba en contra y queríamos que los políticos lo supieran.

Sí, nos manifestamos en todas las ciudades quecreímos necesarias. En Washington, Londres, Southampton… Aquí en España, en Madrid, Cádiz, Tenerife y Barcelona.

P. ¿En qué contexto se enmarca la declaración de Guerra a Irak?
R. Podríamos decir que la guerra de Irak se enmarca en un período de imperialismo expansivo que promovía Estados Unidos. Este país era el más poderoso del mundo, pero tras los atentados del 11-S, Estados Unidos empezó a ver enemigos en todos los lados. Irak tiene la segunda reserva mundial de petróleo y Bush vio en la declaración de guerra una oportunidad para ese expansionismo del que hablábamos antes. Era el negocio perfecto. Sólo faltaban aliados para justificarla.

P. Siempre se habló de que se buscaban armas de destrucción masiva. ¿Creen que existieron de verdad? ¿Cuáles creen que son los verdaderos motivos que propiciaron esa guerra?

R. Han pasado ya nueve años de la declaración de esa guerra. El tiempo ha sido el que ha dejado ver que lo de las armas de destrucción masiva no era más que un mero engaño para justificar esa invasión. También se habló, en relación con el término de “guerra preventiva”, de lograr la paz en Oriente Medio, pero eso no se logra con la muerte de civiles. Los motivos estaban claros, Bush y sus aliados querían lograr el control de la zona para controlar el petróleo y ayudar a subir al poder un gobierno afín a Occidente y de esta forma crear oportunidades comerciales para los lobbys del petróleo. Para Greenpeace la actitud por parte de Estados Unidos demostraba la descarada hipocresía de la Administración de Bush. Este tipo de actitud por parte de Estados Unidos demuestra la descarada hipocresía de la Administración Bush en el actual conflicto con Irak. El Presidente Bush pretende imponer a la comunidad internacional que la posesión y utilización de armas de destrucción masiva es aceptable si es por parte de Estados Unidos y sus aliados para la ocasión.

P. El lema de “no a la guerra” ¿por qué ese lema? ¿por qué no uno más directo?
R. “No a la guerra” es más que directo. ¿Qué mejor declaración de intenciones que la negativa a todo conflicto armado? Sí es cierto que se pensó en otros lemas, pero tras muchas deliberaciones, pensamos que este era el mejor lema. Sencillo y contundente. No sólo se refería a la guerra de Irak, sino que respondía a cualquier conflicto armado.


P. Según tenemos entendido, le mandaron una carta al ex presidente Aznar sobre el tema que estamos tratando. ¿Qué se escribió en esa carta?

R. Desde Greenpeace preguntamos a Aznar y los demás firmantes de dicha carta: ¿por qué sólo esta preocupación con el régimen iraquí?. Estados Unidos tiene el mayor arsenal de armas de destrucción masiva, incluyendo más de 10.000 armas nucleares. El Reino Unido, Francia, Rusia, China, India, Pakistán e Israel tienen también armamento nuclear. Estos y otros países disponen de armas químicas y biológicas

P. ¿Con qué motivo se envían inspectores de Greenpeace a la embajada de EEUU en España?
Enviar a nuestros inspectores a la embajada de Estados Unidos fue un acto simbólico. Sabíamos que no nos iban a dejar entrar y obtener la información que buscábamos, pero sabíamos que, por lo menos, teníamos que intentarlo. Efectivamente, no nos dejaron entrar, pero nos manifestamos en la puerta de la embajada con mensajes en contra de la guerra y con mensajes para Aznar, dejándole más claro todavía que la gente, los españoles, no queríamos ir una guerra injustificada que sólo generaría bajas y explotación de la sociedad iraquí.

P. ¿En qué fecha tuvieron lugar las manifestaciones?


R. Entre febrero y marzo de 2003, principalmente. Hay que destacar que las manifestaciones tuvieron un carácter global. Nos manifestamos, dentro de las posibilidades, a la vez en todo el mundo. En esto influyeron por primera vez las nuevas tecnologías de entonces, es decir, los mensajes de texto e internet. Era muy rudimentario por aquél entonces, pero la gente se movilizó. Cuando les llegaba un mensaje lo reenviaban y lo mismo en los foros de internet.


P. Cuando fueron a manifestarse a la sede del PP en Madrid, ¿cuál era su objetivo?


Activistas manifestándose en la sede del PP en Madrid
R. Ese día, nuestro objetivo era hablar con el que entonces era secretario general del Partido Popular, Javier Arenas. Queríamos hacerle llegar nuestro decálogo de propuestas y exigir al partido que abortasen el plan de guerra porque no traía nada bueno. Teníamos a la sociedad de nuestra parte, pero a ellos no les interesó.


P. Ese día, hablaron la que es hoy Mª de Sanidad, Ana Mato, que por entonces era coordinadora de Participación y Acción Sectorial del PP, ¿cómo fue su entrevista con ella? ¿Cuáles fueron sus respuestas?


R. La señora Mato nos recibió, pero no nos dijo nada en claro. La expusimos nuestros puntos, pero su respuesta se limitó a un “estudiaremos su propuesta y se lo haré llegar al señor Arenas”. Nunca tuvimos una respuesta más allá de eso.


P. ¿Creen que había división interna también el PP?


R. Entonces no pudimos saberlo, pero estábamos convencidos de que sí. Era una guerra ilegal y el 90% de la población estaba en contra, no podía ser que todos estuvieran de acuerdo, pero ya sabemos que el PP tradicionalmente siempre ha tenido una disciplina de partido muy estricta en cuanto a disidencias ideológicas.


P. La manifestación en la base de Rota acabó con detenidos, ¿cuál fue la postura de Greenpeace?


R. Nuestra postura fue la misma que la que tuvimos en los conflictos en Southampton, Reino Unido. Pusimos a todo nuestro gabinete legal a trabajar por su libertad. Se tuvo más o menos éxito en algunos casos, pero nuestros activistas conocían los riesgos y aun así decidieron participar. Estamos muy agradecidos porque es gracias a nuestros activistas porque es gracias a ellos cuando logramos la atención de los medios y así del resto de la población.


Tropas españolas destacadas en Irak
P. Cuando el PSOE llegó al poder en 2004, seguía habiendo tropas españolas en Irak y Afganistán, ¿por qué no se manifestaron entonces? ¿Por qué no exigieron la retirada total de las tropas?


R. El señor Rodríguez Zapatero llevaba en su programa una propuesta para sacar todas las tropas de Irak antes de junio de 2004 y así lo cumplió, por eso no nos manifestamos. Una vez habíamos conseguido el objetivo de la campaña, no tenía sentido manifestarse si las tropas ya estaban, si no en casa, de camino.


P. En 2004, el PSOE llegó al poder debido al desgaste del PP por la Guerra de Irak y los atentados del 11-M. ¿Creen que si no hubieran hecho las manifestaciones, hubiera sido el mismo resultado electoral? ¿Cómo influyó la oposición a la guerra en el resultado?


R. Puede ser. La guerra de Irak sólo terminó por desgastar la figura de Aznar. El “no a la guerra” tan cerca de las elecciones evidenció ese desgaste y esa lejanía con el pueblo. Prácticamente el 90% de los españoles decía que no quería ir a la guerra y el señor Aznar decidió que sería lo mejor para España, en cuanto a política internacional y para los españoles.

III: Consecuencias políticas y sociales del "No a la Guerra"


Había numerosas justificaciones, aunque de dudosa veracidad para la invasión de Iraken 2003 por parte de los gobiernos norteamericano y británico y la colaboración del gobierno de España.  Entre estos alegatos, el más destacado fue la búsqueda y eliminación de armas de destrucción masiva y el deseo internacional de hacer de Oriente Medio un lugar más seguro.
Efigie de Sadam Hussein tumbada por iraquíes en Bagdag

Durante los ocho años que duró la guerra, no se encontró ningún indicio de la existencia de armas de destrucción masiva, dejando en evidencia los argumentos para la invasión ideada por George Bush.

La guerra de Irak siempre tuvo un tinte económico muy importante. Irak tiene la segunda reserva mundial de petróleo en su subsuelo y la invasión del territorio tenía como objetivo un nuevo gobierno local más afín a los países occidentales, lo que daría grandes oportunidades a la industria petrolera de EE. UU.

La invasión iniciada en 2003 tuvo numerosas consecuencias tanto políticas como sociales. En el ámbito político, podemos destacar el desgaste sufrido por el PP, que gobernaba en España desde el año 1996 y estaba casi al término de la segunda legislatura encabezada por José María Aznar. Esto supuso la victoria en las elecciones de 2004 al PSOE, liderado por José Luis Rodríguez Zapatero. En esta situación también tuvo que ver el desconcierto generado y el cruce de culpabilidades en los atentados del 11 de marzo en Madrid. También pudo palparse un cambio en la visión que se tenía en el mundo, pero especialmente en España, de los Estados Unidos. Se pasó de ver el gobierno más poderoso del mundo como un país con un marcado carácter imperialista, dispuesto a cualquier cosa para lograr su expansión y mantener su supremacía económica. Esto también generó, como en España, un desgaste de la popularidad del presidente Bush.

La única consecuencia medianamente positiva que el apoyo a la coalición ocupante (Estados Unidos y Reino Unido) supuso a nuestro país, fue el paso a un primer plano de la política exterior de España, que hasta entonces no era más que un mero actor secundario en el que buscar un apoyo en el contexto internacional.

En cuanto a las consecuencias sociales, podemos subrayar el amplio número de manifestaciones en contra de esta guerra tanto en Madrid como en diferentes puntos de España y del planeta, la oposición de la sociedad a la condena de los activistas por participar en estas concentraciones antibélicas lideradas por Greenpeace y la oposición mayoritaria de los españoles a la participación en la guerra de Irak y en cualquier otra guerra futura.

En el año 2003, el mundo seguía conmocionado por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y la política internacional de los Estados Unidos, que marcaban el ritmo mundial, se había orientado a la lucha contra el terrorismo en Oriente Medio y en especial de Al Qaeda. El terrorismo islámico predominaba en las agendas internacionales como el potencial enemigo número uno de Occidente.

En este contexto se enmarcan las conversaciones entre Bush y Aznar para que el gobierno español participe en la invasión de Irak en 2003. Aznar, también un tanto obsesionado con la lucha antiterrorista y por terminar de lanzar a España al primer plano de la política internacional, decide apoyar a la coalición formada por Estados Unidos y Reino Unido para ocupar el territorio iraquí en busca de armas de destrucción masiva que pondrían en peligro la seguridad mundial.

Con estos pretextos se inicia la guerra de Irak. A pesar del señalado apoyo del gobierno de España a entrar en guerra, las tropas españolas sólo colaboraron en misiones de paz. Las tropas españolas sufrieron unos noventa ataques durante estas misiones y once soldados perdieron la vida. El objetivo encargado a España era colaborar en las misiones de paz y ayudar a establecer un orden democrático en la zona mientras Estados Unidos y Reino Unido se encargaban de buscar las armas de destrucción masiva y de las ofensivas.

Manifestación en Madrid en contra de la entrada de España en la Guerra de Irak
A pesar de que España sólo estuviese oficialmente implicada en las misiones de paz, la participación activa en la campaña bélica tuvo como consecuencia el desgaste político de Aznar y por consecuencia del Partido Popular. Este deterioro tiene que ver con la fuerte oposición ciudadana que el presidente del gobierno desoyó. Los datos que ofrece Greenpeace, cifran la negativa de la población en casi un 90%. A las causas de este desgaste hay que sumarle la mala gestión que hicieron durante los atentados del 11 de marzo en Madrid, cuando el gobierno se obcecó en culpar de la masacre a la banda terrorista ETA. Un par de días más tarde se descubriría que la autoría era de Al Qaeda, lo que relacionó el atentado con la entrada de España en la guerra de Irak.

La consecuencia directa de este desgaste fue palpable en las Elecciones Generales del 14 de marzo de 2004. En estas elecciones, y contra todo pronóstico previo, los españoles dieron la victoria al PSOE encabezado José Luis Rodríguez Zapatero. El dirigente socialista siempre estuvo en contra de mandar tropas a Iraq ya que ni si quiera fue autorizado por el Consejo de las Naciones Unidas y por lo tanto se trataba de una guerra ilegal. Cabe resaltar que en su programa electoral, Zapatero aseguró que retiraría las tropas de Irak antes de junio de 2004 y en abril de ese año se hizo efectivo, algo que tuvo como consecuencia el enfriamiento de las relaciones internacionales con Estados Unidos.

Debido a estos acontecimientos, España pasó a un primer plano en el contexto político internacional. Tradicionalmente, España nunca fue un país importante en la toma de decisiones de ámbito global. El papel de la política española quedaba siempre relegado a ser un mero apoyo para las grandes potencias. Durante los primeros años del siglo XX, la inestabilidad política era más que evidente y los años venideros de dictadura no colaborarían en el destacamento de España como potencia mundial. Fue una vez acabada la dictadura franquista, casi a finales de siglo, cuando España empezó a despuntar algo más. La entrada en la OTAN y en la Comunidad Económica Europea en la década de los 80 trae al país una mentalidad de economía global al país. Pero no fue hasta 2003, cuando España decide entrar en la guerra de Irak, cuando España tuvo la oportunidad de lanzarse al primer plano de la política mundial. Aznar vio en este hecho la manera perfecta de que el país que gobernaba recuperase el poderío que tuvo el Imperio Español allá por el siglo XVI.

Este protagonismo internacional se vio relanzado por motivos totalmente imprevistos por el gobierno, los atentados de 2004 en Madrid, ya que fueron organizados por Al Qaeda y supuso que Europa también estaba en riesgo de sufrir el ataque de los terroristas islámicos.
Dejando a un lado las consecuencias políticas, las consecuencias sociales de este conflicto no fueron menos destacadas. A raíz de esta declaración de guerra preventiva, se convocaron multitud de manifestaciones por toda España y también por todo el mundo occidental.
Las manifestaciones en contra de la guerra de Irak en 2003 tuvieron fueron organizadas por multitud de foros sociales y organizaciones no gubernamentales, pero la que tuvo el papel más activo fue Greenpeace.

Bajo el lema “No a la guerra”, tuvieron lugar las primeras manifestaciones globales convocadas simultáneamente en la historia. En la simultaneidad del asunto tuvieron que ver dos tecnologías que empezaron a despuntar por aquel entonces: internet y los SMS.

En cuantiosos lugares del planta tuvieron lugar las manifestaciones: Washington D.C., Londres o Madrid fueron las ciudades más destacadas. En ellas participó un gran porcentaje de la población que no era afín a la organización ecologista, pero que sí compartía la idea de que la entrada en la guerra era un error.

La consecuencia directa de estas manifestaciones no fue la detención de la operación militar en Irak, sino la detención de multitud de activistas de Greenpeace por todo el mundo. En España, la detención e imputación más sonada fue la de los activistas que se manifestaron frente a la base militar de Rota –que había sido elegida para la acción militar sobre Irak- el 14 de marzo de 2003 a bordo del buque Rainbow Warrior. Se les imputó delitos de desobediencia y resistencia grave y lesiones.

Activistas en el Puerto Militar de Marchwood
Hechos similares acontecieron en febrero de 2003 en el Puerto Militar de Marchwood, Southampton. En este caso, los activistas ocuparon varios tanques que estaban estacionados para ser embarcados en un buque con destino a Irak. 

domingo, 30 de diciembre de 2012

II: "No a guerra" como campaña activa


Greenpeace es una organización no gubernamental dedicada a la salvaguarda del medio ambiente principalmente. Pero no es al único aspecto al que se dedica esta ONG.
Greenpeace se dedica a trabajar en todos los ámbitos que tengan que ver con el medioambiente y la paz. Para ello realiza diversas campañas de desarme, destacando el programa de desarme nuclear y el programa de no a la guerra. El programa de “no a la guerra” se inició en el año 2003 como oposición a la invasión del territorio iraquí por parte de Estados Unidos y Reino Unido.

La ONG siempre consideró que la guerra de Irak era una guerra ilegal, ya que viola la Resolución 687 de las Naciones Unidas de 1991, en la que se establecía el protocolo de desarme para Irak y Kuwait.

Siendo la principal justificación del presidente norteamericano Bush la búsqueda de armas de destrucción masiva, los gobiernos estadounidenses, británicos y español utilizaron el término de “guerra preventiva”. Greenpeace no dudó en enfrentarse a esta decisión, desde un primer momento ya la ONG creía firmemente que crearía un precedente innecesario para el no mantenimiento de la estabilidad mundial ya que esto daría un argumento sólido a la India en caso de querer ocupar Pakistán.
Sede de la ONU en Nueva York
La Organización no Gubernamental trabajó desde un primer momento con la hipótesis de que el principal motivo de la guerra no fuera el de la búsqueda de armas masivas, sino el control de las reservas petrolíferas de Irak – que tiene la segunda reserva de petróleo del planeta-, por lo que realmente se estaría buscando el posicionamiento en el poder iraquí de un gobierno afín al imperialismo norteamericano y de esta forma establecer relaciones comerciales muy ventajosas para los Estados Unidos en la explotación del combustible.

Según fue pasando el tiempo, la justificación de la búsqueda de armas de destrucción masiva fue perdiendo fuerza y fue cuando la ONG lanzó sus demandas para acabar con el conflicto.  


Las demandas fueron las siguientes:


  • La obligación de las fuerzas de la coalición invasora de restablecer la ley y el orden con carácter inmediato y asegurar que la población dispondría de elementos básicos como comida, agua y medicinas.
  • Las fuerzas ocupantes deberían ser reemplazas por una fuerza de mantenimiento de la paz bajo el mando de las Naciones Unidas, formada por componentes locales para dirigir el país y coordinar, de esta forma, la ayuda humanitaria que se les enviaría.
  • El establecimiento de conversaciones en la Organización de las Naciones Unidas para acordar un calendario en el que se estableciese el desarme nuclear total de Oriente Medio, como disponía la Resolución 687 de la ONU.
  • La necesidad crítica de reforzar la cooperación internacional y el multilateralismo.

Además de todas estas demandas, la ONG siempre creyó que esta guerra mostraba la necesidad de avanzar en el desarme global incluyendo a todos los Estados con armas nucleares.

Greenpeace insiste en que la solución al problema de las armas de destrucción masiva empieza por disponer de un sistema colectivo de desarme y control internacional de armas. Es cierto que existen organismos destinados a estos objetivos como son la Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas y tratados internacionales como el Tratado de No Proliferación Nuclear o el Convenio de Armas Biológicas y Químicas.

Analizando estos tratados y convenios, la ONG y numerosos críticos argumentan que se tratan de acuerdos internacionales inefectivos ya que no cuentan con el apoyo activo de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Como ejemplo de este argumento podemos decir que el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares se reduce a un mero contrato en el que los países firmantes que no dispongan de armas nucleares se comprometen a no adquirirlas y que los participantes que sí tengan en su poder dichas armas se comprometen a no adquirir más y a eliminar las que ya tienen.

Los países que más incumplen estas normas son Estados Unidos, Francia, Reino Unido o China, pero también existen países que disponen de armas nucleares sin autorización internacional alguna como es el caso de Israel, Pakistán o India.
Logotipo de Greenpeace
Greenpeace, en resumen, lucha porque sea la paz la que se imponga en los conflictos bélicos ya que ninguna guerra trae ningún aspecto positivo. Todas dañan el medioambiente y por lo tanto al ser humano.

sábado, 29 de diciembre de 2012

I: Contexto social e histórico de la Campaña "No a la guerra 2003"

El primer combate al que Irak debe hacer frente se produce en 1967 con la llamada Guerra de los Seis Días, en la que Egipto, Siria e Irak son derrotados por los israelitas. La posición de Irak quedó muy dañada después de esta guerra. 



Entre el 17 y 30 de julio de 1968, se produjo un nuevo golpe de estado, donde el Consejo de Mando de la Revolución (CMR) nombró como presidente de la República y del mismo CMR al general Ahmad Hassan al-Bark. Y la vicepresidencia del CMR a Sadam Hussein. La mayoría de los integrantes de este nuevo gobierno representaban a un duro núcleo de oficiales del Ejército. Durante diez años este presidente llevará a cabo una etapa de relativa estabilidad interna en Irak.

Pese a ello, entre finales de 1968 y 1970, el Partido Democrático de Kurdistán se alzó y acusó al nuevo régimen de no respetar los acuerdos firmados en 1966, donde se reconocía en la Constitución los derechos nacionales de los kurdos. En marzo de 1970, el líder kurdo, Molá Mustafá Barzani, firmó un acuerdo por el cual cinco ministros del Gobierno deberían ser kurdos.

En este mismo año, en un intentó de ampliar el apoyo al régimen, Irak comenzó un acercamiento con la URSS. Sadam Hussein viajó a Moscú, y en 1972, Irak y la URSS firmarían un acuerdo de cooperación y amistad. Con esta maniobra el régimen obtuvo el apoyo del Partido Democrático de Kurdistán (PDK) y el de los comunistas iraquís del Partido Comunista Iraquí (PCI). El apoyo de los comunistas creció cuando, en junio de 1972, el Gobierno nacionalizó la Irak Petroleom Company (IPC). Estos movimientos llevó a que en 1973 el PDK y el PCI formaran el Frente Nacional Progresista.

Al mismo tiempo que Irak consolidaba las relaciones con la URSS, lo hace con Occidente.  También participó en la guerra del Yom Kippur, apoyando a las corrientes extremistas árabes y palestinas. Estableció acuerdos de cooperación en materia de seguridad del Golfo con Arabia Saudita.

La estabilidad política de esta época se reforzó con el aumento de las rentas del petróleo, gracias a la subida del precio desde 1973 y a la nacionalización de la IPC.  

El 16 de julio de 1979 el presidente Ahmad Hassan al-Bark presenta su dimisión. Le sustituye su vicepresidente Sadam Hussein, el cual se convertirá en el hombre fuerte de la República de Irak y comenzará un proceso de concentración de poder que durará hasta su derrocamiento por parte de EEUU en 2003. A partir de entonces la oposición queda marginada, y solamente podía aspirar a frágiles alianzas y siempre en el exilio.

Sadam Hussein


Cuando Sadam Hussein llega al poder Oriente Medio se encuentra en un momento crítico. La situación de Irán caminaba hacía la crisis final. En 1979, la revolución islámica capitaneada por el ayatollah Khomeyni triunfa. En marzo de ese año se instaura la República Islámica de Irán, poniendo fin a la presencia de occidente en el país. El Consejo de la Revolución nacionalizó las principales industrias, la banca y las compañías de seguros del país. Aprobándose en referéndum la Constitución del régimen islámico y Khomeyni obtuvo el poder. Esto puso en guardia a Occidente, especialmente a EEUU, las monarquías del Golfo y la URSS. Los EEUU perdieron con la revolución islámica ya que por un lado, perdían las facilidades para espiar a la URSS y, por otro, el control de una importante zona petrolera. La URSS, por su lado, veía con preocupación el discurso de los dirigentes iraníes, crítico tanto con el capitalismo como con el comunismo. Este discurso era peligroso ya que podía tener un efecto contaminante y de desestabilización en las repúblicas islámicas de la URSS.


En medio de esta inestable situación, Sadam Hussein ve la oportunidad de consolidar su poder en Irak y con
vertirse en el nuevo hombre fuerte del Golfo. No le fue difícil buscar intereses para unirse en una guerra contra Irán.


El 17 de septiembre de 1980, el régimen iraquí declara nulo el Acuerdo de Argel, aquel por el que se delimitan las fronteras entre Irak e Irán, firmado en 1975 por el presidente Ahmad Hassan al-Bark. En esta anulación Irak reclamaba la totalidad de la desembocadura del Shat el-Arab, pero en realidad se buscaba el debilitamiento del régimen de Teherán.  Cinco días después, el 21 de septiembre, el ejército iraquí lanza una ofensiva contra la frontera de Irán.  

Irak ponía soldados y un cuerpo de élite, la Guardia Republicana, las monarquías del Golfo ponían el dinero necesario para financiar la guerra, los EEUU y países europeos las armas y la información sobre Irán. La URSS por su lado, continuaría con el suministro militar a Irak.  El resultado de estos ocho años de guerra fueron un millón de muertos, ningún avance territorial y la práctica destrucción de la economía en ambos países. En el mes de junio de 1987, Irán aceptó los términos del alto al fuego.

El proceso de industrialización iraquí estuvo relacionado con una base mineral (petróleo), lo que le proporcionará una evolución muy similar a la del resto de los estados exportadores de petróleo del Golfo. Al principio de los años 80, el sector público prácticamente monopolizaba las grandes empresas estratégicas y el comercio exterior. La intensa reforma agraria que se puso en marcha en los años 70 se abandonó, desapareciendo en 1978 muchas granjas colectivas y cooperativas agrarias.  

Se promulga en 1983 una ley donde se permite el arrendamiento privado de todas las tierras estatales sin límite de extensión. Después de la guerra con Irán, en 1983,  se inicia una privatización más intensa, sobre todo en la agricultura. Esta implica la venta de grandes granjas avícolas, industrias lácteas y de la pesca, así como industrias de alimentos, textiles, materiales para la construcción, transportes y servicios. Con esto, el Estado se desembarazó de las industrias menores para centrarse en los grandes proyectos estratégicos (hierro, acero, armas, petroquímicas e ingenierías), favorecidos por el bajo coste de la energía. El Estado ha continuado manteniendo el control de la economía y la sociedad a través de su monopolio en la utilización de los ingresos derivados del petróleo, ya que es la responsable del 60% del PIB del país.

Los sindicatos, en 1987, fueron disueltos. Los trabajadores de las empresas públicas pasaron a ser empleados de la Administración Pública. Al final de los 80 y principios de los 90 el Estado continuó la política de inversiones industriales y militares a gran escala, en un momento donde los precios del petróleo eran relativamente bajos, y además debían asumir todavía las reparaciones de la guerra y el gasto social. Esto provocó una escasez en las dividas y un deterioro de la economía.

Pasada la guerra, el Estado de Irak se encuentra en una situación de ruina técnica. A los costes de la guerra se le debe añadir una disminución dramática de los rendimientos del petróleo, pese a ello, Sadam Hussein intentó una homologación del régimen con una limitada liberalización de la política. En 1998, el presidente promete una amnistía política, el respeto de los derechos humanos y la autorización para la formación de los partidos políticos. Estas promesas se llevaron a elecciones en 1989, pero solo se presentaron candidatos independientes.

En 1990 se legalizó a Unión Patriótica del Kurdistán (UPC). Sadam Hussein pensó en pasar factura a aquellos que se beneficiaron de su esfuerzo militar contra la guerra de Irán. Primero, pidió a los países productores una reducción de la producción de petróleo y así subir el precio del barril; y segundo, pidió a las monarquías del Golfo la condonación de la deuda de guerra. Pero Sadam, amenazó con no reconocer la independencia de Kuwait y anexionarse al territorio si no se llevaban a cabo sus peticiones. Los países productores no hicieron caso y aumentaron la producción de crudo, perjudicando la economía iraquí.

El 2 de agosto de 1990, Irak cumplió sus promesas e invadió y ocupó Kuwait. Ese mismo día las Naciones Unidas, a través de la resolución 660 del Consejo de Seguridad, exigieron la retirada de Iraq y posteriormente impusieron amplias sanciones. En noviembre el Consejo de Seguridad fijó el 15 de enero de 1991 como plazo final para que Irak cumpliese  las 11 resoluciones emitidas sobre aspectos de la situación entre Iraq y Kuwait. Al vencimiento del plazo, las fuerzas de coalición alidadas liderada por EEUU y bajo mandato de las Naciones Unidas iniciaron ataques contra Irak, provocando lo que se conoce como la Guerra del Golfo. El ataque continúa hasta febrero que se logra la retirada de las fuerzas iraquíes en Kuwait.

En abril de 1991, el Consejo de Seguridad establece las condiciones para cesar el fuego, exigiendo que Irak y Kuwait respeten las fronteras, tomando medidas sobre la indemnización de los daños causados por la guerra y la destrucción de armas químicas, biológicas y misiles balísticos de largo alcance. Además estableció un bloqueo económico para presionar al país. En mayo, el Consejo de Seguridad aprueba un sistema de flexibilización que consiste en exportar petróleo iraquí, siendo sus beneficios destinados a la compra de alimentos, medicinas y otras materias básicas para la población civil. Se hizo oficial en abril de 1995, cuando el Consejo de Seguridad autorizó a los Estados a importar petróleo y productos del petróleo por una cantidad no superior a 1.000 millones de dólares y cada 90 días.  El gobierno de Saddam Hussein se resistió a colaborar con los inspectores de la ONU a causa de las sospechas de espionaje. En 1996, comienza el programa “petróleo por alimentos”, concertado entre la ONU e Iraq.  En 2002, se introduce la lista de Revisión de Bienes y nuevos procedimientos para el tratamiento y aprobación de contratos de suministro humanitario.

Las continuas afirmaciones que llegan al Presidente de los EEUU, George W.Bush, de que Irak poseía y estaba desarrollando armas de destrucción masiva, violando el convenio de 1991. Funcionarios de los EEUU sostuvieron, de un modo interesado, que Irak representaba una urgente e inmediata amenaza para los EEUU, así como para sus intereses. Los investigadores enviados a territorio iraquí no descubrieron nada pero tenían la intuición de que iban a reanudar la producción siempre y cuando se levantan las sanciones. Algunos funcionarios alegaban que Saddam Husein y Al Qaeda habían estado cooperando.

De izq. a dcha. Tony Blair (ex Primer Ministro de Reino Unido), George Bush (ex Presidente de EEUU) y José Mª Aznar ( ex Presidente del Gobierno de España)
El Gobierno del presidente español, José María Aznar, no quería quedarse al margen de la historia. Por lo que, junto con el británico Tony Blair, ofreció su apoyo a los EEUU, participando en la formación de la coalición internacional, sumó sus esfuerzos para conseguir una resolución de Naciones Unidas.

En 2003, estos mandatarios se reunieron junto con el entonces presidente de Portugal, José Durao Barroso, en la isla Azores, para ultimar el plan de guerra contra Irak. El 22 de mayo de 2003 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas votó 14 a 0 a favor de la aprobación de la resolución presentada para dar el poder de gobernar a Irak y de utilizar sus recursos petroleros para la reconstrucción del país a los EEUU y Reino Unido.

 La resolución  termina con casi 13 años de sanciones económicas originalmente impuestas después de la invasión iraquí a Kuwait en 1990. La resolución aprueba que el secretario general de la ONU, envíe a un representante especial a trabajar con los administradores de los Estados Unidos y Gran Bretaña en la reconstrucción, la ayuda humanitaria y la creación de un nuevo gobierno.

Bombero desolado el 11 de marzo de 2004
Un año después, el 11 de marzo de 2004, y en víspera de las elecciones generales, España sufrió un atentado terrorista por parte de fundamentalistas islámicos que pareció consecuencia de la política exterior llevada a cabo en Oriente Medio. Este atentado, que provocó la pérdida de casi 200 civiles, originó un gran revuelo en la opinión pública.

La decisión de apoyar a EEUU rompe una línea de actuación que la política española venía siguiendo desde hacía años con Irak, que se podía considerar pro-iraquí, eso quiere decir, por un lado, España defendía una progresiva suavización se las sanciones internacionales contra Irak; y, por otro, buscaba estrechar lazos con el fin de aprovechar oportunidades económicas y comerciales.