lunes, 31 de diciembre de 2012

III: Consecuencias políticas y sociales del "No a la Guerra"


Había numerosas justificaciones, aunque de dudosa veracidad para la invasión de Iraken 2003 por parte de los gobiernos norteamericano y británico y la colaboración del gobierno de España.  Entre estos alegatos, el más destacado fue la búsqueda y eliminación de armas de destrucción masiva y el deseo internacional de hacer de Oriente Medio un lugar más seguro.
Efigie de Sadam Hussein tumbada por iraquíes en Bagdag

Durante los ocho años que duró la guerra, no se encontró ningún indicio de la existencia de armas de destrucción masiva, dejando en evidencia los argumentos para la invasión ideada por George Bush.

La guerra de Irak siempre tuvo un tinte económico muy importante. Irak tiene la segunda reserva mundial de petróleo en su subsuelo y la invasión del territorio tenía como objetivo un nuevo gobierno local más afín a los países occidentales, lo que daría grandes oportunidades a la industria petrolera de EE. UU.

La invasión iniciada en 2003 tuvo numerosas consecuencias tanto políticas como sociales. En el ámbito político, podemos destacar el desgaste sufrido por el PP, que gobernaba en España desde el año 1996 y estaba casi al término de la segunda legislatura encabezada por José María Aznar. Esto supuso la victoria en las elecciones de 2004 al PSOE, liderado por José Luis Rodríguez Zapatero. En esta situación también tuvo que ver el desconcierto generado y el cruce de culpabilidades en los atentados del 11 de marzo en Madrid. También pudo palparse un cambio en la visión que se tenía en el mundo, pero especialmente en España, de los Estados Unidos. Se pasó de ver el gobierno más poderoso del mundo como un país con un marcado carácter imperialista, dispuesto a cualquier cosa para lograr su expansión y mantener su supremacía económica. Esto también generó, como en España, un desgaste de la popularidad del presidente Bush.

La única consecuencia medianamente positiva que el apoyo a la coalición ocupante (Estados Unidos y Reino Unido) supuso a nuestro país, fue el paso a un primer plano de la política exterior de España, que hasta entonces no era más que un mero actor secundario en el que buscar un apoyo en el contexto internacional.

En cuanto a las consecuencias sociales, podemos subrayar el amplio número de manifestaciones en contra de esta guerra tanto en Madrid como en diferentes puntos de España y del planeta, la oposición de la sociedad a la condena de los activistas por participar en estas concentraciones antibélicas lideradas por Greenpeace y la oposición mayoritaria de los españoles a la participación en la guerra de Irak y en cualquier otra guerra futura.

En el año 2003, el mundo seguía conmocionado por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y la política internacional de los Estados Unidos, que marcaban el ritmo mundial, se había orientado a la lucha contra el terrorismo en Oriente Medio y en especial de Al Qaeda. El terrorismo islámico predominaba en las agendas internacionales como el potencial enemigo número uno de Occidente.

En este contexto se enmarcan las conversaciones entre Bush y Aznar para que el gobierno español participe en la invasión de Irak en 2003. Aznar, también un tanto obsesionado con la lucha antiterrorista y por terminar de lanzar a España al primer plano de la política internacional, decide apoyar a la coalición formada por Estados Unidos y Reino Unido para ocupar el territorio iraquí en busca de armas de destrucción masiva que pondrían en peligro la seguridad mundial.

Con estos pretextos se inicia la guerra de Irak. A pesar del señalado apoyo del gobierno de España a entrar en guerra, las tropas españolas sólo colaboraron en misiones de paz. Las tropas españolas sufrieron unos noventa ataques durante estas misiones y once soldados perdieron la vida. El objetivo encargado a España era colaborar en las misiones de paz y ayudar a establecer un orden democrático en la zona mientras Estados Unidos y Reino Unido se encargaban de buscar las armas de destrucción masiva y de las ofensivas.

Manifestación en Madrid en contra de la entrada de España en la Guerra de Irak
A pesar de que España sólo estuviese oficialmente implicada en las misiones de paz, la participación activa en la campaña bélica tuvo como consecuencia el desgaste político de Aznar y por consecuencia del Partido Popular. Este deterioro tiene que ver con la fuerte oposición ciudadana que el presidente del gobierno desoyó. Los datos que ofrece Greenpeace, cifran la negativa de la población en casi un 90%. A las causas de este desgaste hay que sumarle la mala gestión que hicieron durante los atentados del 11 de marzo en Madrid, cuando el gobierno se obcecó en culpar de la masacre a la banda terrorista ETA. Un par de días más tarde se descubriría que la autoría era de Al Qaeda, lo que relacionó el atentado con la entrada de España en la guerra de Irak.

La consecuencia directa de este desgaste fue palpable en las Elecciones Generales del 14 de marzo de 2004. En estas elecciones, y contra todo pronóstico previo, los españoles dieron la victoria al PSOE encabezado José Luis Rodríguez Zapatero. El dirigente socialista siempre estuvo en contra de mandar tropas a Iraq ya que ni si quiera fue autorizado por el Consejo de las Naciones Unidas y por lo tanto se trataba de una guerra ilegal. Cabe resaltar que en su programa electoral, Zapatero aseguró que retiraría las tropas de Irak antes de junio de 2004 y en abril de ese año se hizo efectivo, algo que tuvo como consecuencia el enfriamiento de las relaciones internacionales con Estados Unidos.

Debido a estos acontecimientos, España pasó a un primer plano en el contexto político internacional. Tradicionalmente, España nunca fue un país importante en la toma de decisiones de ámbito global. El papel de la política española quedaba siempre relegado a ser un mero apoyo para las grandes potencias. Durante los primeros años del siglo XX, la inestabilidad política era más que evidente y los años venideros de dictadura no colaborarían en el destacamento de España como potencia mundial. Fue una vez acabada la dictadura franquista, casi a finales de siglo, cuando España empezó a despuntar algo más. La entrada en la OTAN y en la Comunidad Económica Europea en la década de los 80 trae al país una mentalidad de economía global al país. Pero no fue hasta 2003, cuando España decide entrar en la guerra de Irak, cuando España tuvo la oportunidad de lanzarse al primer plano de la política mundial. Aznar vio en este hecho la manera perfecta de que el país que gobernaba recuperase el poderío que tuvo el Imperio Español allá por el siglo XVI.

Este protagonismo internacional se vio relanzado por motivos totalmente imprevistos por el gobierno, los atentados de 2004 en Madrid, ya que fueron organizados por Al Qaeda y supuso que Europa también estaba en riesgo de sufrir el ataque de los terroristas islámicos.
Dejando a un lado las consecuencias políticas, las consecuencias sociales de este conflicto no fueron menos destacadas. A raíz de esta declaración de guerra preventiva, se convocaron multitud de manifestaciones por toda España y también por todo el mundo occidental.
Las manifestaciones en contra de la guerra de Irak en 2003 tuvieron fueron organizadas por multitud de foros sociales y organizaciones no gubernamentales, pero la que tuvo el papel más activo fue Greenpeace.

Bajo el lema “No a la guerra”, tuvieron lugar las primeras manifestaciones globales convocadas simultáneamente en la historia. En la simultaneidad del asunto tuvieron que ver dos tecnologías que empezaron a despuntar por aquel entonces: internet y los SMS.

En cuantiosos lugares del planta tuvieron lugar las manifestaciones: Washington D.C., Londres o Madrid fueron las ciudades más destacadas. En ellas participó un gran porcentaje de la población que no era afín a la organización ecologista, pero que sí compartía la idea de que la entrada en la guerra era un error.

La consecuencia directa de estas manifestaciones no fue la detención de la operación militar en Irak, sino la detención de multitud de activistas de Greenpeace por todo el mundo. En España, la detención e imputación más sonada fue la de los activistas que se manifestaron frente a la base militar de Rota –que había sido elegida para la acción militar sobre Irak- el 14 de marzo de 2003 a bordo del buque Rainbow Warrior. Se les imputó delitos de desobediencia y resistencia grave y lesiones.

Activistas en el Puerto Militar de Marchwood
Hechos similares acontecieron en febrero de 2003 en el Puerto Militar de Marchwood, Southampton. En este caso, los activistas ocuparon varios tanques que estaban estacionados para ser embarcados en un buque con destino a Irak. 

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